Movilidad. Reflexiones sobre políticas y soluciones técnicas.

La filosofía Microsoft de los ochenta ha dejado en muchos usuarios una cultura negativa para los intereses del propio trabajador y de la empresa para la que trabaja. Yo la denomino la cultura de …”lo mío” en contraposición a la cultura de “…lo nuestro” (uy). La primera se resume en … mi ordenador, mi pantalla, mi ratón, mis datos y … mi impresora. El trabajador adquiere un sentimiento de posesión hacia su ordenador casi como el que se genera hacia un perro. Los informáticos de campo saben mucho de esto.

Es generalizado dentro del sector la necesidad de centralizar la información. Se vence este sentimiento posesivo del usuario realizando acciones como incorporar accesos directos en su escritorio a sus carpetas remotas, tal como harían si la información estuviera almacenada localmente. Con la excusa de la necesidad de sacar copias de seguridad, se mete miedo al usuario para que ejecute procedimientos orientados a almacenar la información en máquinas remotas (servidores de archivos), se desarrollan interfaces de DMS y CMS al estilo escritorio windows con el fin de que el usuario no tenga la sensación de trabajar en otro entorno, etc.

Suele también fomentarse que el usuario acceda a su información remota a través de contraseña, de modo que tenga la impresión de que sólo él está capacitado para leerla o modificarla. Este procedimiento mitiga en gran medida los miedos del usuario a perder el control sobre lo que considera SUS datos.

La idea “mi ordenador” está muy vinculada a otra idea: “mi puesto de trabajo”. El trabajador dispone de una ubicación física concreta que, en ocasiones, está altamente personalizada. Supongo que un psicólogo diría que el trabajador desarrolla la necesidad de trabajar en un entorno familiar. Siempre contesto que lo mejor entonces es que trabaje en casa. En el colegio lo divertido era cambiar de compañero y de sitio a menudo. A mi me cambiaban dos o tres veces al año y, los días siguientes al cambio si te tocaba con algún amigo, eran los mejores. Si además me ponían en la última fila…ni te cuento.

En ocasiones es necesario trabajar con personas diferentes. La posibilidad de cambiar de puesto de trabajo y de compañeros es muy positiva, incluso en las ocasiones en las que el trabajo es mecánico. Sabemos que mover personas cuesta menos que mover muebles… y es más productivo. Esta idea es cada vez más factible puesto que se está eliminando papel a pasos agigantados. Aún así, los gabeteros con ruedas resulven este problema.

Pero para que la movilidad impere, es necesario que el perfil del usuario esté centralizado, que use un portátil o que se disponga de servidores de escritorios en la empresa (clientes ligeros o pesados). El software libre presenta soluciones baratas y tremendamente potentes en estas tres áreas.

En el concepto de los perfiles móviles (terminología muy Microsoft, por cierto) o espacios de usuario remoto (homes exportados), GNU/Linux, Solaris o BSD son mucho más versátiles y potentes que Windows. GNU/Linux y BSD son además, tremendamente baratos comparado con otras opciones.

En cuanto a sistemas y escritorios libres en portátiles… escribo estas líneas desde uno que se vende en varios países con linux de serie. Si bien no estamos al nivel de Windows para algunos usuarios con altas exigencias en determinadas áreas, sí cumplimos todos los requisitos necesarios (y más) en entornos laborales habituales. Respecto a los clientes ligeros, hay varios posts relacionados con este tema en mi blog, además de documentos en la web de Grupo CPD (y otros muchos lugares). No insistiré en ello.

De los problemas antes mencionados que afectan a la movilidad del trabajador, el de la centralización de la impresión es el que dispone de soluciones libres (y propietarias) solventes desde hace más tiempo. El coste de estas soluciones libres es muy bajo. Tanto, que es frecuente que los ahorros derivados de esta centralización amorticen la inversión en muy poco tiempo (menos de un año), además de presentar ventajas significativas.

El abaratamientos de las impresoras en red (interfaz ethernet o wifi) ha venido a resolver en parte este problema en entornos de baja exigencia. Las impresoras gestionadas por un PC están dando paso a impresoras en red que permiten al usuario imprimir desde cualquier equipo de esa subred. Sin embargo, la gestión de las colas de impresión, el control de la calidad y velocidad de las copias, la gestión de cuotas de impresión, el almacenamiento de documentos impresos, el control de documentos impresos a través de informes, la discriminación de usuarios o asignación de prioridades es nula o … de risa. Además, el coste por copia de este tipo de impresoras de gama baja es altísimo.

No obstante, todavía triunfa la idea de que lo ideal es que cada uno disponga de su impresora conectada a su equipo. Esta situación genera paradojas como la de aquel informático de campo que, para evitar notificaciones de incidencias, configura la misma impresora en varios equipos. Así, si un usuario necesita usarla y el PC en cuestión no está operativo, simplemente la coge, la conecta al suyo y listo. El bajo precio de entrada de las impresoras no ayuda a erradicar esta cultura.

Puesto que el coste de disponer de tantas impresoras pequeñas es tan alto, frecuentemente se produce una lucha curiosa entre trabajadores y gestores. En vez de aplicar soluciones técnicas que abaraten costes centralizando la impresión, controlan el gasto restringiendo la compra o el suministro de tinta por departamento o usuario. He asistido a pillerías, peleas y quejas de todo tipo por esta causa. Dicho de otra manera, los gestores reconocen el problema pero no aplican soluciones técnicas que, no sólo lo resuelven sino que, en muchos casos, son económicamente rentables. Peor aún, generan otros que perjudican el clima laboral. Lo curiosos es que sí son sensibles a políticas de centralización en casos tan diversos como bonos de comida, gastos en electrodomésticos para que los trabajadores desayunen en la propia sede de la empresa, etc.

Existe un rechazo generalizado a levantarse de la mesa para recoger el papel impreso. Creen que pierden tiempo. Suelo presentar en estos casos el análisis de costes relacionados con la impresión para dar a entender que, para la empresa, que el trabajador se desplace hasta el lugar donde se sitúa el centro de impresión, es rentable. Más aún, desde el punto de vista de la salud del trabajador, también lo es.

Si a todas estas soluciones le asociamos otras como las redes inalámbricas, los dispositivos de almacenamiento externo, el abaratamiento de las dock station para portátiles o la irrupción de la telefonía IP, el cambio del concepto de movilidad en la empresa es una realidad y no una utopía.

Uno de los elementos más caros en cualquier empresa o AA.PP. es el espacio. La asignación de un lugar fijo a cada trabajador es la peor de las políticas en este sentido, no sólo porque el aprovechamiento es escaso, sino, como he explicado, porque se generan o fomentan culturas nocivas para los intereses de la empresa y que, en algunos casos, también lo son para el propio trabajador.

¿Cómo pueden pretender empresas y AA.PP. fomentar el teletrabajo si no son capaces de conseguir desvincular al trabajador de su mesa dentro de la propia sede?

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