No podemos evitarlo

He tenido la suerte de trabajar en Canarias con técnicos que fueron pioneros en España en el sector del software libre. Personas que, desde mitad de los noventa ya estaban involucrados activamente en proyectos de comunidad. He tenido la oportunidad por tanto de vivir en segunda persona cómo el software libre pasaba de ser una opción de cuarta fila a nivel técnico entre los profesionales del sector, a triunfar. A principios del presente siglo, nadie dudaba ya, en el ámbito técnico, que el software libre era una opción viable.

También he tenido la suerte de compartir aventura empresarial con algunas de las empresas de software libre más antiguas de España y con empresarios que, ya a a finales de los noventa, estaban desarrollando soluciones, montando sistemas y servicios, basados en software libre en clientes. Cuando comenzaron sus aventuras, eran vistos como unos locos por otras empresas de informática. Les costaba mucho vender y era habitual que otras empresas metieran miedo al cliente para apartarles de la puja. Yo mismo lo viví en numerosas ocasiones.

Hoy nadie cuestiona la viabilidad de las empresas de software libre. Más aún, muchas de esas empresas que antes nos ninguneaban ahora comercializan también soluciones libres.

Hace un par de meses estuve en una comida donde una empresa grande TIC me hablaba de las virtudes de la virtualización en escritorio y de lo avanzada que era su empresa en la investigación de estas soluciones. Todo ello desarrollado con software libre, por supuesto. Sólo le faltó decir que la tecnología la inventaron ellos…. quiénes conocen mi trayectoria entenderán por qué me resultó una comida “interesante”

Anécdotas aparte, no cabe duda de que todos ganamos con esta evolución. En lugar de tener que cambiar nosotros, son otros los que están cambiando, al menos, en la cartera de productos que comercializan. Las empresas de software libre, como antes los ingenieros en el apartado técnico, ya sabían hace unos pocos años que, en el apartado de producto/empresa habíamos ganado, del mismo modo que los generales saben cuándo una batalla está ganada o perdida, mucho antes de que ocurra realmente. Y con ganar me refiero a disponer de una cuota de mercado significativa en todos los ámbitos. Poco a poco todas las empresas y AA.PP. lo van visualizando también.

ASOLIF vive un ciclo similar en lo que a sector se refiere. Cuanto más avanzo en mis tareas como gerente, más me embarga la sensación de haber vivido antes, a otra escala, un panorama similar. Una anécdota que me ocurrió nada más llegar es muy indicativa.

Me acerqué en un evento a un cargo medio del Gobierno Central y comencé a explicarle quiénes somos y qué hacemos. Cuando llevaba un par de minutos, me interrumpió y me preguntó cuánto facturábamos y cuánto empleo generábamos. Cuando le di unas estimaciones (no teníamos números fiables entonces) la conversación cambió y terminó pronto. Simplemente no teníamos interés para él.

Esta situación se repite en infinidad de lugares con pequeños detalles, pero muy significativos. Ya los viví, a escala menor, junto a otros compañeros en primera persona, cuando fundamos la asociación empresarial regional canaria ESLIC, la primera de las asociaciones de ASOLIF.

Al igual que aquellos locos informáticos a mediados de los noventa, que los temerarios emprendedores de finales del siglo pasado, que los impulsores del asociacionismo empresarial regional a mediados de esta pasada década, quienes estamos en ASOLIF tenemos la esperanza de que este movimiento saldrá adelante y de que, con esfuerzo, podemos progresar mucho y, sobre todo, cambiar a quienes ahora no nos comprenden, nos ignoran y, por qué no decirlo, a quiénes se ríen de nosotros.

Ayer, en WhyFLOSS, escuché a muchas empresas y AA.PP. hablar de software libre, pero a pocos (casi todos de ASOLIF, qué curioso) de compartir código, de publicar documentación, de liberar conocimiento, de dar oportunidades a otros…, en definitiva, de cambiar el modelo. Usan el software libre pero no se sienten en deuda con nadie. Cogen lo que quieren y pretender cerrar a los demás el paso, con las artes del pasado. Pretenden incorporar software libre, pero utilizan los mismos criterios que en el pasado para contratarlo, argumentando que es el sector quien se tiene que adaptar a ellos, no al revés. Esto es particularmente cierto en la AA.PP. Como son los principales compradores, pretenden aprovecharse de los beneficios que aporta el software libre desechando todo aquello que signifique cambiar los modelos que les han llevado en el pasado a fracasar en el ámbito TIC. Mismo perro pero distinto collar.

Amigos, si creen que esto del software libre se limita a cambiar la cartera de productos pasando de productos privativos a libres, reduciendo costes y aumentando la flexibilidad como único aliciente, es que no han entendido nada.

Para que lo entiendan, es necesario disponer de herramientas, personas, entidades, que ayuden a explicar que en torno al software libre existe un beneficio menos visible pero con mayor impacto. Debemos explicar claramente, no obstante, que no es posible explotar esos beneficios sin cambiar los métodos de contratación, las políticas de personal, las políticas de difusión, la legislación, muchos procedimientos, la mentalidad de los directivos frente a la transparencia, etc. dentro de las empresas y AA.PP.

ASOLIF puede ser un actor relevante, junto a otros, de ese cambio necesario que hace unos quince años unos visionarios iniciaron en España. Alguno puede tacharnos de falta de modestia, de excesiva osadía, de candidez incluso.

¿Dónde van estos pringados diciéndole a la AA.PP. y a las empresas dominantes del panorama nacional que no les queda más remedio que cambiar?

Es posible que así sea, que no seamos más que unos ilusos. La historia, no obstante, parece jugar a nuestro favor…por ahora.

Me gusta pensar que ASOLIF es una respuesta inteligente por parte de muchos ingenieros, emprendedores y empresarios del software libre, al sistema actual. Para que el demonio nos entienda, para que nos deje pasar, tenemos que hablar su idioma, vestir sus ropas, adoptar sus costumbres, ponernos cuernos como los suyos (algunos dirán que también cortarnos el pelo, afeitarnos, lavarnos, etc.). Lo estamos haciendo rápidamente. Nos adaptamos, como hicimos en el pasado.

Pero que nadie dude que, una vez dentro, si no nos alienamos demasiado en este periplo (riesgo cierto), hackearemos el sistema. Y me gusta pensar que no será porque lo necesitemos, sino porque nos divierte innovar, no podemos evitarlo.

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